
La Flama del Canigó llega a Vilafranca en una linterna que recorre la ciudad hasta el Parque del Tívoli, pasando el fuego a los representantes de los barrios y municipios de la región. El evento incluye la lectura del mensaje de la llama, la quema simbólica de documentos de reclamación y la escucha de sardanas. Por la noche, los barrios encienden hogueras y organizan cenas comunitarias con petardos y música hasta el amanecer.
La fiesta combina la tradición patriótica y la celebración familiar: pastel de manteca de cerdo con moscatel, ballaruca y el perfume de pólvora que anuncia el verano. La trayectoria de la llama cambia con frecuencia para atravesar espacios emblemáticos y consolidar un sentido de unidad regional.
También es el ensayo general para los diablos y tabaleros que, dos meses después, se vestirán de gala en Sant Félix.