La plaza más bonita de Cataluña, la plaza de la Vila de Vilafranca, cuenta con un elemento escultórico desde finales del siglo XX que rinde homenaje a los verdaderos protagonistas de la ciudad: los castellers. El Monumento a los Castellers, a menudo punto de encuentro y punto de partida para los pilares caminantes, es una escultura pública diseñada para recordar la larga tradición de torres humanas documentada en la ciudad desde el siglo XVIII.
Aunque las fuentes municipales no especifican con detalle el año ni el autor, se sabe que la obra fue promovida por el Ayuntamiento con motivo de uno de los grandes hitos logrados por los Castellers de Vilafranca y los Xicots. Representa un pilar de cinco figuras estilizadas, fundidas en bronce patinado, que despega sobre un pedestal realizado en piedra caliza del país. Cada figura, esquemática pero vigorosa, refleja el esfuerzo colectivo y la confianza mutua que definen el arte de «hacer piñas».
Durante las festividades, al salir de la oficina de Santa María, los grupos locales levantan una columna de saludo justo frente al monumento, convirtiendo la escultura en el actor silencioso de un ritual que mezcla devoción y orgullo cívico. Fuera de la fiesta, es una parada obligatoria en las rutas que explican la castellera de Vilafranca y un lugar ideal para hacerse una foto de recuerdo. En los alrededores hay bancos y árboles que invitan a parar y disfrutar de la vitalidad diaria de una plaza que, gracias a este monumento, recuerda a todos que el alma de la ciudad sigue apuntando hacia arriba, hacia el cielo.