La basílica de Santa María ofrece a los visitantes un viaje subterráneo. Todos los sábados, un pequeño grupo baja las escaleras de la cripta neogótica, construida en 1916 para albergar los restos de los párrocos. El espacio sorprende por las bóvedas de ladrillo vistas y, sobre todo, por la escultura modernista de Josep Llimona dedicada al Santísimo Sacramento, considerada una de las piezas religiosas más emotivas del maestro.
La visita guiada contextualiza la expansión del templo a principios del siglo XX y repasa el simbolismo de las figuras de Llimona, así como su relación con Vilafranca. El guía también aprovecha para explicar detalles del campanario y otros elementos patrimoniales que permanecen al pie de la nave y que a menudo pasan desapercibidos.
La actividad, de unos cuarenta minutos, es ideal para completar un paseo por el centro histórico y descubrir rincones que suelen permanecer cerrados.