
En la ladera sur de la colina de Sant Pau, al pie de la carretera que lleva a la ermita, se levanta la Font de Sant Pau, una pequeña construcción de principios del siglo XX que reproduce la forma de un ábside románico. Construida en piedra caliza local y coronada por un arco de medio punto perfectamente moldeado, la fuente recuerda el deseo de los promotores de dotar al proyecto, nunca terminado, de una nueva capilla con espacios auxiliares.
A pesar de la sencillez, la obra revela un cuidadoso trabajo con las piedras y un gusto por la simetría que armoniza con la roca natural. El agua, fresca durante todo el año, era utilizada por los antiguos ermitaños y los romanos que subían a venerar a San Pablo. Hoy en día sigue siendo una parada agradable para el excursionista, más aún en las calurosas tardes de verano, cuando la montaña se llena del aroma del tomillo y el pino blanco.
La fuente es una parte inseparable de la experiencia de subir la colina: su caño metálico, con inscripciones ya difuminadas por el tiempo, y el pequeño lavabo semicircular han sido inmortalizados en cientos de fotografías de generaciones de vilafranquinos. A pesar de no estar catalogada formalmente, su conservación depende del civismo de los visitantes, a quienes se les invita a no ensuciar ni utilizar jabones que puedan dañar el medio ambiente.