
La noche del 30 de abril, las chispas cruzan plazas y avenidas: el Ball de Diables de Vilafranca organiza el Diabòlic, una procesión de fuego que invita a dos bandas de diablos y una bestia de otros lugares de los Países Catalanes. El itinerario cambia cada año para llegar a un barrio diferente, descentralizando la fiesta e involucrando al barrio en el espectáculo de pólvora y tabal.
El desfile culmina con un encendido conjunto y un alumbrado final que iluminan la noche del Penedès, como antesala de la Revetlla de Sant Joan. El Diabolico es también un espacio para el intercambio de técnicas pirotécnicas y coreografías, reforzando la red de la cultura del fuego.
Se ofrecen talleres de timbales y charlas sobre seguridad para los más pequeños, haciéndoles conscientes de que la pasión por el fuego debe estar vinculada al respeto por el riesgo.