Fundado por los franciscanos en el siglo XIII justo fuera de las murallas, el Convento de Sant Francesc es hoy un oasis de silencio en medio del paseo marítimo que lleva su nombre. La iglesia gótica (1349) —una gran nave, arcos apuntados y capillas intercaladas bajo contrafuertes— se conserva del antiguo complejo monástico, el claustro renacentista y varios edificios conventuales que, tras la expropiación de 1835, sirvieron como hospital regional.
El claustro, con elegantes columnas y arcos rebajados, alberga una sorprendente necrópolis nobiliaria con sarcófagos del Penyafort, Avinyó o Cervelló. Entre la vegetación, las lápidas escultóricas explican el orgullo señorial de la villa medieval. En el interior del templo destaca el retablo de la Virgen y San Jorge, una obra gótica internacional atribuida a Lluís Borrassà (siglos XIV-XV), una pieza importante del patrimonio pictórico del Penedés.
A lo largo de los siglos, el monasterio ha sido testigo de las cortes reales (Pedro el Ceremonioso celebró las Cortes allí en 1353) y ha sufrido episodios convulsivos (incendios, saqueos). Hoy, protegido como Bien Cultural de Interés Local, alberga un pequeño museo lapidario y acoge conciertos, exposiciones y visitas guiadas que nos permiten entender la esencia de la arquitectura gótica catalana.