Entre las bóvedas de una antigua fundación de la Orden Trinitaria permanece el Claustro de los Trinitarios, un edificio sobrio que ilustra la huella conventual en Vilafranca. Aunque las fuentes municipales lo definen con poca precisión cronológica, se sabe que el conjunto se construyó en el siglo XVII y que, tras su depreciación, se destinó a una amplia variedad de usos, desde almacén hasta escuela de artesanía.
El claustro, de una sola planta, articula el espacio a partir de un patio central rodeado de arcos rebajados sobre pilares de piedra vivos. La antigua iglesia, de una sola nave, se ha perdido o ha sido absorbida por renovaciones posteriores; por otro lado, el ala sur conserva los techos con vigas de madera y algunas colas de milano originales.
En la actualidad, el Ayuntamiento programa exposiciones y talleres, y el sitio forma parte del circuito cultural municipal. A pesar de la falta de una decoración escultórica notable, la austeridad de sus líneas ofrece una lectura clara de la vida conventual y la capacidad de reciclar el patrimonio para la comunidad.