La Casa de la Vila, con una fachada modernista renovada a principios del siglo XX por el arquitecto Santiago Güell, preside la plaza donde están plantados los castillos más valientes. El edificio combina elementos neogóticos (tracerías, capiteles vegetales) con la funcionalidad administrativa actual. En el interior se conservan habitaciones nobles con vidrieras y artesonados que evocan la prosperidad vinícola de la época en que se transformó. Cada 30 de agosto, el balcón principal se convierte en la tribuna de honor del día de San Félix.