
Las vilafranquinas de Caramelles son únicas: los grupos —masculinos, femeninos o mixtos— suben a un escenario de la plaza e interpretan versiones satíricas de canciones populares y actuales con letras adaptadas y llenas de picardía. Las parodias conviven con los dulces tradicionales que celebran la primavera y la Resurrección.
El público llena la plaza para ver qué grupo suscitará más aplausos y risas. El formato escénico, establecido hace décadas, ha evitado la desaparición de la tradición y lo ha dotado de un tono desenfadado que atrae a jóvenes y veteranos.
Entre canción y canción, la mistela y el brunyol se reparten y el día se convierte en una fiesta callejera que despide la Pascua y da la bienvenida al buen tiempo.