En la actual plaza del Pont Romà, la memoria popular todavía habla de un puente «romano» que, de hecho, se construyó en 1765 para facilitar la entrada noreste a la ciudad por encima del arroyo de la Canaleta. El puente, de mampostería popular con un único arco de medio punto torcido, fue durante siglo y medio una puerta de acceso a la calle de la Iglesia y un símbolo del crecimiento urbano extramuros.
Durante la Guerra Civil (1936-39) la estructura sufrió daños y, en la década de 1940, las obras de canalización del arroyo y la nueva plaza acabaron ocultando sus estupas. Los estudios históricos y arqueológicos, dirigidos por Salvador Llorach y otros investigadores locales, han refutado su supuesta autoría romana, pero han destacado su valor como ejemplo de puente moderno construido con técnicas tradicionales: arco de doble arco de bloques sin cortar dispuestos «de frente», un panel con una repisa sólida y piedras colocadas planas.
Aunque se desconoce si quedan cimientos bajo el pavimento, el sitio está incluido en el Patrimonio Arqueológico de Cataluña (código 5013) y cualquier obra en la plaza requiere un control arqueológico. Los paneles municipales explican a los peatones la evolución del espacio, desde el paso del río hasta la encrucijada urbana. Durante las fiestas de la Filoxera, la plaza se llena de público sin darse cuenta de que está pisando el camino de un puente que alguna vez fue vital para los carros y los arrastreros.
La historiografía local también lo llama Pont de Cap-de-Vall, recordando su función como enlace con los ríos del término. A pesar de la desaparición física, la toponimia y la investigación mantienen vivo el recuerdo de una obra de ingeniería sencilla pero decisiva para el desarrollo de Sant Sadurní a finales de los setenta.