
Aunque el pueblo no pertenece a la clásica ruta del turrón, un buen puñado de talleres se especializaron en él, aprovechando el impulso comercial del Cavatast otoñal y la demanda invernal. Elaboran variedades clásicas de almendra dura, xixon blando y, la más singular, praliné y frutos secos macerados en cava. La miel proviene de las polillas del macizo del Garraf y de las avellanas de la llanura del Camp, reforzando la filosofía del kilómetro cero.