
En Sant Sadurní, donde la burbuja del champán es casi una forma de entender la vida, los maestros pasteleros han conseguido llevar el vino espumoso más allá de la copa y lo han convertido en el protagonista de un pequeño bocado dulce e irresistible: las tapas de chocolate con marco de cava. Su nombre proviene del molde cilíndrico que se asemeja a los tapones de corcho de las botellas y que, una vez desmoldeado, da paso a un trozo de chocolate crujiente, relleno de una crema suave donde el cava aporta las notas aromáticas de fruta blanca, levadura y un refrescante toque de acidez.
El proceso de elaboración sigue siendo muy artesanal: se funde la cobertura de cacao (normalmente un 70%) y se rellenan los moldes; una vez cristalizada la cáscara, se inyecta la crema de cava obtenida de la reducción y enfriamiento del espumoso mezclada con mantequilla y azúcar fina. El reposo en una cámara frigorífica permite que los sabores se amalgamen y la textura gane untuosidad. Por último, cada tapón se cierra con una base de chocolate y, a menudo, se decora con una ligera capa dorada que recuerda a los reflejos de una copa de brut nature.
Estos caramelos, pensados inicialmente como detalle de cortesía para las visitas a las cuevas, se han convertido en algo innegociable para las mesas familiares y las cajas de regalo que los sadurnianos envían a todas partes en Navidad. Muchos establecimientos locales proponen maridarlos con una gran reserva, ya que el refinamiento del cava realza las notas del cacao tostado. Hoy también los encontramos en versiones con chocolate blanco o con frutos secos, lo que demuestra la capacidad de innovación de una ciudad que no se cansa de experimentar con su icónico producto.