
Las «chicas» son bollería seca tan humilde como apreciada que han aparecido en todas las recetas del pueblo durante generaciones. Elaborados a base de harina, huevo, azúcar y una generosa proporción de almendras molidas —fieles a la tradición torroba del Penedès—, se forman bolitas que, una vez horneadas, adquieren un color dorado intenso y una textura ligeramente crujiente por fuera pero tiernas por el centro.
Su forma recuerda a los caparones de los niños pequeños, de ahí el nombre popular. A lo largo del siglo XX, los hornos de Sant Sadurní empezaron a añadirles ralladura de limón o un toque de matafaluga para perfumarlos, aunque la receta más ortodoxa permanece inalterada. Se conservan durante días sin perder calidad, lo que las hacía ideales para endulzar las largas jornadas de recolección.
Hoy en día, las niñas se pueden comprar durante todo el año en las pastelerías locales y son un acompañamiento habitual de un café o, muy especialmente, de una copa de mistela de la región. Muchos visitantes las descubren durante el Festival de la Filoxera, cuando los niños las regalan como un dulce recordatorio de la superación de ese flagelo que marcó la historia vinícola de la ciudad.