Alejada del centro urbano, entre viñedos y caminos poco transitados, la masÃa de Can Xurriu lucha contra el paso del tiempo. Documentada a principios del siglo XIX, fue explotada por masovers cuando la familia propietaria se trasladó al pueblo. De planta rectangular con orientación este-oeste, presenta paredes de tapia sobre zócalo irregular de piedra reforzado en las esquinas. Las pocas ventanas originales, ahora rotas, demuestran su condición de refugio agrÃcola.
En el interior habÃa dos niveles articulados por un tabique central; las embigadas de madera han cedido el paso y hoy el espacio es un mar de escombros donde aún se pueden distinguir restos de yesos blancos, azules y rosados. La cubierta de doble inclinación conserva solo una pequeña sección hacia el sureste. En la fachada sur queda un anexo de mamposterÃa que hacÃa las veces de recinto para el ganado.
En 1973, el edificio, aunque deshabitado, todavÃa se utilizaba como almacén de herramientas. En 2018, el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña advirtió de un estado crÃtico; desde entonces, la fachada occidental se ha caÃdo por completo y la puerta abovedada se ha perdido. Sin uso conocido, la masÃa permanece incluida en el inventario municipal, pero no disfruta de ningún proyecto de protección o rehabilitación.
El acceso es difÃcil y no se recomienda, pero el conjunto mantiene su valor paisajÃstico: la base de piedra medio derrumbada entre las viñas explica en silencio cómo eran las populares masÃas del Penedesco antes de la mecanización.
Can Xurriu recuerda la importancia del mosaico de pequeñas fincas que rodean Sant Sadurnà y constituye un frágil testimonio de la arquitectura rural que, si no se rescata pronto, puede desaparecer definitivamente.