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La filoxera (figura bestiaria)

Sant Sadurní d'Anoia

La gran filoxera de fibra de vidrio, construida en 1990 siguiendo el modelo lanzado en 1981, es el alma zoomórfica del Festival de la Filoxera: una bestia de 7 m de largo y más de 300 kg que recuerda a la plaga que asoló los viñedos, transportada por una retícula de cinco portadores y animada con fuego, música y pólvora.
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La filoxera es, sin duda, el elemento más querido y temido del bestiario sadurniniano al mismo tiempo. Es una bestia espectacular que reproduce fielmente el insecto Daktulosphaira vitifoliae, el parásito que, entre 1879 y 1895, devastó los viñedos del Penedés y sacudió la vida económica de Sant Sadurní. La primera Philoxera nació en 1981, fruto de la iniciativa de El Taller y la Comisión de Ferias, que querían dar a la ciudad un símbolo propio para la fiesta popular recuperada. Esta pieza, hecha de madera y cartón, desfiló por primera vez el 6 de septiembre a las pocas mañanas y al año siguiente ya protagonizaba el espectáculo completo.

La segunda y actual versión data de 1990. El artista Amadeu Farré la construyó con fibra de vidrio y una estructura interna de hierro reforzado, buscando más resistencia y comodidad para quienes la llevaran puesta. La bestia mide 7 metros de largo, 5 metros de ancho y 2,5 metros de alto. Pesa poco más de 305 kg, repartidos en una carcasa ligera y cuatro ruedas ocultas que facilitan los cambios de dirección y permiten la velocidad de crucero cuando la plaza hierve. En el interior hay tres porteadores que dirigen la coreografía, y en el exterior dos compañeros velan por la seguridad y coordinan la pirotecnia.

El montaje no es solo visual: es sonoro, olfativo y simbólico. Cada mes de septiembre, alrededor de la medianoche del 8, la filoxera irrumpe entre una espesa niebla de pólvora, precedida por una banda de vientos que tocan la melodía compuesta por el profesor. Los cientos de pañuelos amarillos que ondean en la plaza de la Iglesia anuncian la lucha: los campesinos —representados por una estola de pequeñas filoxeretas— intentan quemar la peste con fuego y ruido. Tras un frenético baile, la Filoxera cae derrotada y estalla la «danza del triunfo», un arrebato de alegría colectiva que sella la victoria y mantiene vivo el recuerdo del esfuerzo invernal.

La imagen de la bestia resume la historia reciente de la ciudad: la catástrofe vitivinícola, la tenacidad de los campesinos por replantar cepas americanas resistentes y, finalmente, el surgimiento de la industria del cava, un verdadero motor económico del siglo XX. Por este motivo, además de desfilar, la Philoxera permanece expuesta durante todo el año en el Centro del Cava, donde los visitantes pueden ver su piel rojiza, sus patas articuladas y sus tubos por los que salen chispas en plena acción.

Desde un punto de vista técnico, la pieza es un prodigio del ingenio popular. El chasis metálico se ha reforzado con reparaciones puntuales, se han aplicado pinturas ignífugas y se ha instalado un sistema de seguridad eléctrica que corta el encendido en caso de incidente. El mantenimiento lo coordina la Colla de la Fil·loxera, un grupo de vecinos que alternan las tareas de restauración con la transmisión oral de canciones y coreografías a las nuevas generaciones.

Hoy en día, la gran Fil·loxera también es embajadora cultural: ha participado en reuniones de bestiarios en toda Cataluña, tertulias en el norte de Cataluña y exposiciones en el País Valenciano. A pesar de la proyección, la esencia sigue siendo doméstica y cercana: la plaza se hace pequeña cuando aparece el monstruo y, año tras año, el ritual termina con la misma imagen arraigada, el vuelo coordinado de pañuelos amarillos que ilumina la noche sadurnina.

La visita al Centro Cava es gratuita para los niños menores de doce años e incluye paneles interpretativos, audiovisuales y objetos originales de la primera Filoxera de los ochenta. Durante Semana Santa y en verano, se organizan actividades familiares para aprender a montar el bestiario y comprender los orígenes de la peste. Así, la bestia continúa, casi cuarenta años después, recordando a todos que detrás de cada botella de burbujas hay una historia de resistencia y celebración.


info
7 y 8 de septiembre (durante las ferias y la Festa de la Fil·loxera)
Más información: Enlace 1

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