En el corazón del casco antiguo, la iglesia parroquial de Sant Sadurní d'Anoia es mucho más que el templo principal de la ciudad: es el hilo que teje mil años de historia local. Documentada ya en 1078 en el testamento de Guisla de Santmartí, la primitiva capilla románica lombarda sufrió la devastación almoravita (1107-1108) y múltiples renovaciones. No queda nada de ese primer edificio, pero la larga evolución está grabada en cada pared. Hoy en día, el complejo adopta una planta de cruz latina con tres naves y un crucero coronado por una cúpula hemisférica; el ábside es rectangular con dos capillas laterales y el techo, de teja árabe, se eleva perpendicular a la fachada.
El campanario exento —una torre de ocho naves de 19 m, piedras perfectamente talladas y ventanas puntiagudas— es la única pieza completa del gran proyecto de reconstrucción iniciado en 1567 por el rector Jaume Romeu. Data de 1606, fue fortificado con espitleras y un cañón durante la Tercera Guerra de los Carlinos (1873) y restaurado en 2003, cuando se instalaron réplicas de las ocho gárgolas originales.
En el siglo XVII, coincidiendo con la llegada de las reliquias de Sant Sadurní y Sant Venat (1669), se erigió una nueva nave de estilo barroco sitgetano; en 1816-1823 se añadió la puerta neoclásica y se compró el órgano de 1819. En 1883, el crucero se completó con un platillo, lo que le dio el perfil cruciforme definitivo. Entre 1925 y 1927, la parroquia encargó la fachada y la rectoría al arquitecto novecentista Francesc Folguera: el pórtico abovedado con columnas clásicas, el esgrafiado con la figura de Cristo y la inscripción ANNO DM-NI MCMXXVI evocan el renacimiento florentino que Folguera admiraba. En el exterior, todavía se puede leer «Remea corpore corde mane», «Sal con tu cuerpo, quédate con tu corazón».
El interior, profusamente esgrafiado, es una explosión cromática gracias a las pinturas murales de Tomàs Busquets (años 20). En el ábside destaca la apoteosis de la Virgen, con ángeles y personajes bíblicos —Isaías, David, Abraham— que dialogan con santos como Francisco de Asís o Raymond de Penyafort. En la capilla del Santísimo, Busquets representa una Santa Cena en la que, de manera inusual, faltan judíos; sobre la mesa, un friso de esgrafiados de viñas y vino recuerda la vocación vitícola sadurniniana.
La Guerra Civil fue un desastre: el edificio fue saqueado y se convirtió temporalmente en un mercado, pero la ciudad lo reconstruyó tenazmente. Hoy en día, la iglesia, catalogada como BCIL (expediente 1664-I) y de fácil acceso, sigue albergando el culto y se convierte en el escenario principal de las grandes celebraciones locales, desde la Fiesta Mayor hasta el canto de caramelos. El sonido de las campanas de Antonia y Anna sigue marcando el pulso de la ciudad y nos recuerda que cada piedra de este templo es un compendio de su historia.