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Historia

Sant Sadurní d'Anoia

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Cuando llegas a Sant Sadurní d'Anoia tienes la sensación de entrar en un anfiteatro de viñedos que, durante dos mil años, ha observado el paso de la historia entre la llanura del Penedès y los meandros de Anoia. El recorrido de la Vía Augusta, hoy evocado por la ruta patrimonial que sigue la ruta romana y por el Puente Romano o Portal de Ponent, recuerda que en la antigüedad este lugar era un paso obligatorio entre las colonias de Tarraco y Barcino. Aquellos primeros caminos, fuentes y pequeños asentamientos rurales dejaron una huella discreta pero persistente en la que, siglos más tarde, echaría raíces la parroquia de Sant Sadurní de Subirats.

ÉPOCA MEDIEVAL. El primer documento que cita la iglesia de Sant Sadurní de Subirats data del año 1080. En plena repoblación feudal, el término se incluyó en la baronía del castillo termenado de Subirats, sometido a varias familias nobles que explotaban las tierras y cobraban las cuotas. Durante siglos, el pueblo no fue más que «un conjunto de casas a ambos lados de la carretera de Barcelona a Tarragona», pero su posición estratégica, en un punto relativamente plano y bien comunicado, lo favoreció sobre otras parroquias de la Universidad de Subirats: Sant Pau d'Ordal, Sant Pere de Subirats y Sant Pere de Lavern. En 1493, cuando el último señor murió sin heredero directo, la baronía se incorporó definitivamente a la Corona y Sant Sadurní pasó a depender administrativamente de la monarquía con mayor libertad de acción comercial.

ERA MODERNA. El siglo XVIII marcó un antes y un después. En 1764, tras un largo proceso de reclamaciones locales, Sant Sadurní de Subirats logró la independencia municipal y adoptó su nombre actual tomando como apellido el río que cruza el término. En el mismo siglo, comenzó a aparecer el primer cultivo intensivo de viñas blancas para vinos tranquilos, que, muy pronto, se exportarían a las Indias a través del puerto de Barcelona. La ciudad, todavía pequeña, se articulaba en torno a la calle Raval y la plaza de la Iglesia, custodiada por el campanario gótico del siglo XVI y la torre Carlin de la Font del Mingo, erigida en 1873 en plena Tercera Guerra Carlin para controlar la entrada norte del pueblo.

SIGLO XIX. El centenario del vapor y el ferrocarril —la línea llegaría hacia 1865, aunque la estación actual es el resultado de ampliaciones posteriores— supuso el surgimiento definitivo de la viticultura. En 1872, en un gesto casi visionario, Josep Raventós i Fatjó elaboró las primeras botellas de cava de los cavas de Codorníu inspirándose en el método champenoise. El brote fue inmediato, pero el sueño se vio amenazado en 1887 por la filoxera. San Sadurní, lejos de hundirse, se convirtió en un referente de la lucha: campesinos y científicos, con el apoyo de los llamados «Siete sabios de Grecia» —entre ellos Marco Mir y Capella—, promovieron manifestaciones, replantaciones con pie estadounidense y actos que hoy conmemoramos cada 8 de septiembre con la popular fiesta de la Filoxera.

SIGLO XX. Tras la crisis, el cava se consolidó como motor económico. Entre 1895 y 1920, Josep Puig i Cadafalch, al servicio de Manuel Raventós i Domènech, erigió el majestuoso complejo modernista de Codorníu —Porxo de Presses, Celler Gran y Pabellón de Expediciones, hoy Monumento Histórico Artístico Nacional—; poco después, Josep Ros i Ros diseñó los barcos de Freixenet (1927-1929). Esta efervescencia industrial estuvo acompañada de una explosión urbana y cultural: la Casa de la Vila (1896-1900), las Escuelas Nuevas (1902), el Ateneu Agrícola (1908), cal Solà (1919) y la casa Baqués (1925) dan fe de un modernismo y un novecentismo que impregnan calles como el Raval, el Hospital o Sant Antoni. La Guerra Civil y la posguerra frenaron el ritmo, pero la industria del cava, ya internacionalizada, mantuvo viva la ciudad.

ACTUALIDAD. Hoy, con poco más de 12.900 habitantes, Sant Sadurní es reconocida como la Capital del Cava y late al ritmo de los viñedos, la Fiesta Mayor (29 de noviembre), la Semana del Cava y la Escumostra, heredera del Cavatast. El casco antiguo, con rutas modernistas autoguiadas, coexiste con instalaciones como el Centro del Cava, el Espai Xocolata Simón Coll o la ruta «Camins del Cava» que serpentea entre viñedos y márgenes de piedra seca.

RELACIÓN REGIONAL Y TERRITORIAL. Situada en el centro del Alt Penedès y bien comunicada por la rotonda de la AP-7, la C-15 y la R4, la ciudad actúa como puerta de entrada a una región vinícola que abarca Subirats, Gelida y Vilafranca del Penedès. Muchas de las familias vinícolas Sadurninen —Raventós, Ferrer, Torelló, Giró— han sido clave en la proyección internacional del Penedès y en la creación de la DO Cava (1986). La Escuela de Viticultura Mercè Rossell i Domènech, en el barrio de Espiells, sigue formando a generaciones de agricultores y enólogos.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES. Pocos saben que la emoción que resuena en los tejados cada mediodía de la Semana del Barrio evoca la antigua tradición de recorrer los siete barrios históricos; o que la ondulante cornisa de Freixenet dibuja pompones de parra hechos de cerámica vidriada, un discreto homenaje a la materia prima local. Y es que, a pesar de la modernidad de los cavas robóticos, Sant Sadurní sigue midiendo el tiempo en cosechas, cosechas y burbujas que crecen lentamente, como los recuerdos de un pueblo que ha conseguido convertir el esfuerzo campesino en patrimonio cultural e identidad colectiva.


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Fecha: 30/11/-0001
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