
Cuando hablamos de comida en Sant Sadurní d'Anoia inevitablemente hablamos de burbujas: el cava es el alma del pueblo y el hilo conductor de la mayoría de las comidas, pero la capital del Penedès ha conseguido combinarlo con una cocina local donde brillan tanto la tradición campesina como el producto artesanal. Los restaurantes locales, desde el veterano Cal Joan Marina hasta el creativo Cal Blay Vinticinc, cuentan con la huerta de la baja Anoia, las granjas y tiendas de tocino de la región y, sobre todo, una gama de vinos espumosos que transforman cualquier plato en una fiesta.
En temporada, los calçots a la parrilla con salsa romesco comparten protagonismo con la carne a la parrilla (butifarra campesina, salchicha negra, costilla y conejo) y con los platos de bacalao —la tradicional esqueixada o morro a la parrilla con ajo y guindilla— que recuerdan la antigua afición catalana por el pescado salado. En verano llega la época del xató, una ensalada festiva de bacalao y escarola que se termina aquí con un buen sabor a brut nature; y en otoño, la Festa de la Fil·loxera y el Cavatast llenan las calles y las mesas de tapas maridadas con las primeras botellas del año.
La repostería mantiene vivo el dulce recuerdo del Penedès: catanias de frutos secos caramelizados, carquinyolis, crema catalana y turrón artesanal suelen ir acompañados de un cava semiseco o de un licor de chocolate elaborado con cacao de la casa Simón Coll, el otro icono gastronómico de la ciudad. El resultado es una mesa donde conviven aires festivos, recetas que han pasado de abuelas a nietos y el deseo constante de innovar sin renunciar a la esencia terrenal del territorio.