
El garbanzo de la Alta Anoia se ha convertido en un emblema de la agricultura local que abastece los mercados de Sant Sadurní y de toda la región. Hablamos de una legumbre de grano pequeño, piel extremadamente fina y textura cremosa, virtudes que le confieren una cocción más rápida y una digestibilidad que los chefs profesionales y las familias valoran mucho. Los agricultores cultivan estas variedades milenarias en campos de meseta, donde la amplitud térmica asegura la lenta maduración del grano y concentra unos matices dulces muy característicos.
La historia del garbanzo nos lleva a las masías que, durante generaciones, lo han sembrado aprovechando los suelos calizos de la Alta Anoia. Durante décadas, la legumbre estuvo reservada para el autoconsumo, hasta que la demanda gastronómica y la apuesta por el producto de kilómetro cero impulsaron nuevamente su comercialización. Hoy en día se vende en pequeños sacos identificados con el nombre de la región y, a menudo, se puede encontrar cocinado en ferias gastronómicas, en formato de tapa o como base para los tradicionales guisos de cuchara.
En los últimos años, chefs de renombre han incorporado los garbanzos a propuestas creativas: ensaladas con verduras escaldadas, hummus tierno o acompañando trozos de pescado azul de la costa. Esta versatilidad y el hecho de que se puedan comprar directamente en las cooperativas o en los mercados semanales hacen de los garbanzos uno de los productos estrella que los visitantes se llevan como recuerdo gastronómico de la zona.