
El 29 de noviembre, día de Sant Sadurní —obispo mártir de Toulouse que da nombre a la ciudad—, los sadurninos despiden el año festivo con una segunda gran explosión de cultura popular. El repique general de campanas anuncia el servicio solemne en la iglesia parroquial; a sus pies, la plaza de la Vila se llena de trabucarios, gigantes, capgrossos y los diablos Se m'n Refum, que preparan el correo nocturno.
El protocolo festivo comienza con la lectura del sermón, la escucha de las sardanas y el baile de los Antiguos Gigantes. Por la tarde, los castillos humanos son los protagonistas —este año han participado grupos invitados de todo el Penedés— y por la noche comienza la Festa Major Jove, con un escenario en el Ateneo y bares gestionados por entidades deportivas. Uno de los iconos recientes es La Bèstia, la braw bicéfala con alas de dragón que escupe chispas por sus nueve puntos de fuego y que, desde 2021, cierra el correfoc con su propia melodía.
El día 30, fiesta local, se prepara el tradicional chocolate para los niños y se reparte el bendito pastel, mientras que por la noche la Orquesta Maravella llena el pabellón con valses y pasdobletes. El recital histórico, las exposiciones temáticas y las visitas guiadas a las cuevas completan un programa que busca combinar la solemnidad y el ocio, la conciencia patrimonial y las ganas de bailar hasta la mañana.