
Cada principios de septiembre, coincidiendo con el inicio de la cosecha, el pueblo se da la vuelta para celebrar las tradicionales Ferias y Fiestas. Durante toda una semana, la más calurosa y emotiva del año, la villa se viste de gala con luces, guirnaldas y olor a pólvora para albergar más de un centenar de eventos diseñados para todas las edades. El primer tiro lo da el pregonero desde el balcón del consistorio y, después, los truenos lanzan los saludos que resuenan entre los tejados modernos y neocentristas del centro histórico.
El programa oficial combina eventos patrimoniales —como la marcha inaugural, el desfile de fuegos con los diablos Se m'n Refum y La Bèstia, o las mañanas con gralleros— con propuestas para una nueva tanda: conciertos en el Ateneo, sesiones de DJ en la Plaza Nova, exposiciones de cultura popular y espacios para los canallas. Se inauguran las exposiciones temporales en el Centro Cava y el claustro de la Biblioteca se convierte en una galería de arte, mientras que el Celler Gran de Codorníu acoge el tradicional Concierto de Ferias que combina cobla, coro y sinfonismo bajo bóvedas modernistas.
Uno de los momentos más esperados es el día 8 de septiembre, una fiesta local y el punto culminante de la celebración: un salón de baile con percusión, misa mayor, aperitivo popular y, sobre todo, el espectáculo integral de la Festa de la Fil·loxera, que se representa en las calles y atrae a visitantes de todo el Penedès. Al día siguiente, el día 9, es el día del castillo y la primera salida oficial de La Bestia, la pelea bicéfala de apariencia draconiana.
Las ferias y fiestas también tienen un aspecto solidario e inclusivo: el Ayuntamiento reserva las zonas de accesibilidad para las personas con movilidad reducida, promueve la recogida selectiva y ofrece materiales reutilizables en los bares de la plaza. Además, desde 2024 se ha implementado un sistema de venta de entradas en línea para reducir las colas y el papel. Gracias al trabajo de la Comisión de Fiestas y a la implicación de los residentes, cada año se presentan novedades sin perder la esencia: callejones abarrotados, música de gralla, el aroma del vino nuevo y ese orgullo compartido de ser la cuna del cava.