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Escultura en la bodega «Brindis»

Sant Sadurní d'Anoia

«Brindis», erigido en 2010 en la rotonda de entrada de Sant Sadurní, es un monumento de Jaume Amigó hecho de una plancha de hierro oxidado que representa dos copas de cava llenas de burbujas. Con formas angulares y un acabado oxidado fijado con barniz, simboliza la bienvenida, la amistad y la celebración.

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En el punto donde la carretera BP-2427 sirve de puerta de entrada a la Capital del Cava, en 2010 el Ayuntamiento quiso erigir un símbolo que diera la bienvenida a los visitantes y, al mismo tiempo, rindiera homenaje al producto que ha hecho universal el nombre de la ciudad. El resultado fue «Brindis», una escultura monumental de Jaume Amigó —artista nacido en 1964 y formado en pintura, grabado y volumen— que traduce en hierro el momento mágico de golpear dos gafas.

La obra se asienta sobre una base de hormigón fundido en el subsuelo y está diseñada con una plancha de hierro negro de 5 mm de grosor. Amigó corta, perfora, dobla y suelda el metal hasta convertirlo en dos vidrios rebosantes de burbujas, sin concesiones a la línea curva: todos son cortes limpios y formas angulares que evocan el minimalismo geométrico. Para darles una presencia matizada, la superficie se sometió a un proceso de oxidación controlado: se dejó que el óxido floreciera hasta adquirir un tono anaranjado y, cuando la textura era óptima, se le aplicó un barniz transparente para fijar el color y proteger la pieza de los agentes atmosféricos.

A pesar de la aparente dureza del material, la composición transmite ligereza y festividad; el gesto hacia arriba de las copas, casi en suspensión, y la línea de pequeñas perforaciones que hacen alusión a las burbujas, actúan como una clara metáfora de la celebración, la amistad y la bienvenida. La pieza fue premiada a otras tres propuestas finalistas en el concurso público convocado por el consistorio sadurninense; el jurado valoró especialmente la capacidad de la escultura para leerse desde el vehículo en movimiento y para conectar con el imaginario popular del cava sin sobrecargarse de literalidad.

Desde un punto de vista técnico, el monumento ejemplifica la voluntad de Amigó de trabajar a partir de los lenguajes esenciales y la iconografía cotidiana, pero trasladándola a la abstracción. Las soldaduras son visibles y se reivindican como una huella artesanal, y la plancha de hierro conserva su textura original, por lo que la luz juega con ella, resaltando las sombras y los reflejos según la hora del día.

Hoy en día, «Brindis» no es solo un hito paisajístico, sino también un punto de encuentro para los ciudadanos. Suele iluminarse en determinadas fechas (por ejemplo, durante el Cavatast o al final del año) y cuenta con miles de fotografías de turistas que, al bajarse del coche, aprovechan para inmortalizar su primer saludo a Sant Sadurní. El monumento es un recordatorio permanente del carácter hospitalario, abierto y alegre de un pueblo que vive entre viñedos y burbujas.


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