
La pareja de gigantes sadurninenses, conocida popularmente simplemente como «el gigante y el gigante», ha sido una institución viva del pueblo desde 1941. Construidos en piedra y cartón en el legendario taller barcelonés de El Ingenio por Domènech Umbert, reproducen a los Reyes Católicos, Ferran e Isabel, un símbolo de un pasado histórico que remonta el viñedo del Penedés a la unificación de la Corona española. Con 3,35 metros de altura y un peso aproximado de 40 kilogramos cada uno, desfilan majestuosamente gracias a una estructura interna de madera clara que permite el baile elegante característico de los adoquines gigantes.
El gigante, con barba y corona de oro envejecido, empuña un pergamino enrollado, que recuerda los antiguos privilegios reales; la Giganta, de expresión serena, lleva un ramo de flores y un pañuelo de encaje, motivos que evocan la fertilidad de la tierra y el refinamiento de la corte. A pesar de los pequeños cambios de vestuario (documentados en 1945, 1984 y 2017), la iconografía real se ha mantenido intacta, con ricos brocados, superposiciones de terciopelo y remaches metálicos que brillan a la luz de los fuegos artificiales.
Durante décadas, los gigantes solo salían en procesiones del Corpus, las Ferias y la Fiesta Mayor, a menudo protagonizadas por trabajadores municipales. La revitalización de la década de 1980 —coincidiendo con el estreno de la Colla de Giganters tras la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA de 1982— lo cambió todo: los gigantes empezaron a viajar, a participar en reuniones por toda Cataluña y, sobre todo, a bailar al ritmo de la cobla contemporánea, convirtiéndose en verdaderos embajadores de la cultura sadurninensis.
En 2016, coincidiendo con el 75 aniversario, se intervino en el esqueleto interno: se aligeraron las correas, se sustituyó la antigua polea de cuello por un sistema articulado de aluminio y se reforzó la base para facilitar la altura de los nuevos soportes. Dos años más tarde, en 2022, el taller de Juanma Avilés revisó los detalles faciales, la policromía y el dorado, devolviendo a los rostros la nobleza original.
Actualmente, la pareja sale tres veces al año: en la Fiesta Mayor (donde se abre el desfile institucional junto con la Banda), en la noche de la Filloxera y en la semana de los Barris, cuando las calles se llenan de tormentas y alfombras de flores. Dondequiera que vayan, despiertan la misma complicidad: los niños corren a tocar el delantal del Gigante y los adultos retumban sobre los viejos adoquines que marcan su paso cadencial.
Los gigantes suelen descansar en una sala del Ayuntamiento, que se puede visitar a las horas acordadas. La entrada es gratuita y los paneles explicativos detallan la gigantesca genealogía, con fotografías en blanco y negro, fragmentos de partituras de la década de 1940 y recortes de prensa de la gira mundialista del 82. De este modo, Ferran e Isabel siguen siendo mucho más que dos maniquíes de cartón: son memoria viva, orgullo colectivo y, sobre todo, un pretexto para que cada generación aprenda a bailar, a jugar a la parrilla y a amar la fiesta.