
La noche del 8 de septiembre, cuando las Ferias se acercan a la recta final, el cielo de Sant Sadurní se ilumina con mil destellos: es el corfoc «Se Me'n Refum» de los Diablos. La banda desciende por la calle del Raval tocando timbales, seguida por su extravagante bestia y una guarnición armada con sombreros y camisas negras. El espectáculo —en parte corrifoc y en parte satírico— culmina en la plaza del Ayuntamiento, donde, bajo una lluvia de chispas, se leen los «versots», una crónica mordaz de los acontecimientos locales.
La tradición se remonta a los años setenta, cuando un grupo de jóvenes vinculados a la Comisión de Fiestas recuperaron el modelo de los demonios del Penedès para reivindicar las celebraciones. Con el tiempo, el evento se ha vuelto indispensable tanto en las ferias como en la Fiesta Mayor del 29 de noviembre. La banda combina el protocolo pirotécnico clásico (sacos cargados con caños, ceptrotos y la figura central de la Bestia) con una banda de metralla que refuerza el ritmo frenético de los incendios.
Más allá del impacto visual, el timbre funciona como un termómetro social. Los versos, siempre coloridos y ordenados, repasan los proyectos municipales, las críticas a los políticos y los episodios pintorescos vividos durante el año, todo ello con un humor que el público celebra. De este modo, el fuego y la palabra se entrelazan y convierten la pólvora en una herramienta de crítica y cohesión vecinal. Hoy en día, la banda mantiene una escuela de diablos para jóvenes, vela por la formación en seguridad pirotécnica y participa en reuniones por todo el país, exportando su estilo sorneguer y arrogante.