El Vinseum, el Museo de Culturas del Vino de Cataluña, conserva una rica colección de 271 piezas directamente relacionadas con la historia natural y cultural de Sant Sadurní d'Anoia. Aunque el museo tiene su sede en Vilafranca del Penedès, este complejo documenta con precisión la singularidad vinícola y patrimonial de la capital del cava.
La parte más voluminosa es la serie paleontológica: 157 fósiles recolectados en yacimientos sadurninos que permiten reconstruir los ecosistemas del neógeno penedésico. Los rofes, los equínidos petrificados o los pequeños dientes de selacio dan testimonio de cuando esta tierra era una llanura costera frecuentada por la fauna marina. Ocho muestras de mineralogía y petrología (piedra caliza, marga y yeso) completan el espacio natural, lo que explica el origen del suelo en el que crecen los viñedos.
La historia cultural comienza con 76 platos de cava, un verdadero icono de coleccionista que muestra la evolución gráfica de las marcas locales; continúa con once xilografías, dibujos y carteles que presentan paisajes de champán, anuncios comerciales modernistas y carteles festivos; y se complementa con once piezas de zoología —nidos, aves disecadas— que resaltan la biodiversidad agrícola tradicional.
Ocho máquinas y herramientas vinculadas a la elaboración del cava (jaulas de extracción, cortadoras manuales, taponadoras de palanca...) recuerdan a los pequeños cavas familiares antes de la mecanización intensiva de la década de 1960. Por último, hay un grupo de objetos arqueológicos de Cal Campmany y de la plaza de Monistrol, en Anoia, que documentan la presencia humana desde la época romana hasta la época medieval.
La colección se exhibe de forma rotativa en las salas permanentes y en microexposiciones temporales del Vinseum, acompañada de paneles pedagógicos que vinculan la formación geológica, la técnica de elaboración del vino y la evolución social de Sant Sadurní. Los investigadores y los estudiantes también tienen acceso digitalizado a los registros y a un banco de imágenes cuyos derechos conserva el museo.
A nivel de conservación, cada pieza se inventariza siguiendo los protocolos de la Ley 17/1990 de Museos, con almacenes climatizados y restauraciones preventivas cuando es necesario. El conjunto ofrece una visión global y transversal que trasciende la noción de una simple «colección local» y se convierte en una ventana abierta al paisaje, la industria y la memoria del cava.