Entre 1926 y 1929 se construyó la Casa Nadal, un edificio que combina la sobriedad del novecentismo con una punta de fantasía cerámica que se desprende de la calle Sant Antoni. El edificio, con planta baja, dos pisos, ático y azotea, destaca por la tribuna semicircular del primer piso, que, como si de la proa de un barco se tratara, avanza sobre la calle y se abre a un balcón superior con barandilla de hierro forjado.
La planta baja se caracteriza por el gran portal enrejado y el uso extensivo de azulejos decorativos que dan textura a la vajilla. En el segundo piso, las molduras son curvas para representar una concha monumental bajo la cuenca hidrográfica, rodeada de guirnaldas florales.
Por encima de este nivel, una cornisa moldeada da paso a un friso de baldosas cerámicas policromadas —azules, blancas y naranjas— con motivos vegetales. El mismo lenguaje cerámico reaparece en las tres ventanas de arco de medio punto del ático, enmarcadas por falsas pilastras. La coronación se resuelve con una falsa barbacana de vigas de madera también decorada con azulejos, que da una silueta muy particular al edificio.
Aunque el proyecto del autor original no nos ha llegado, la arquitectura nos habla de un período de expansión vinícola y auge económico en el que la familia Nadal quería dejar una huella. Protegida como BPU (POUM 2010, expediente 70) y codificada con el IPAC 2863, la casa mantiene un uso residencial.
Los vecinos dicen que la tribuna fue, durante décadas, el «mirador privilegiado» para seguir las procesiones de la Fiesta Mayor. Con el tiempo, el edificio ha sufrido pocas modificaciones, manteniendo la cerámica original que, al anochecer, refleja tonos cálidos que recuerdan a los vinos de la región.