Erigida en 1864 en el corazón del centro histórico, la Casa Madurell representa la entrada solemne del eclecticismo en la ciudad. El encargo recayó en Josep Madurell Vinyals, propietario de la masía Prunamala i batlle en varias ocasiones; la primera fue elegida por sufragio universal en 1863. El arquitecto barcelonés Carles Gauran i Casals, estrechamente vinculado a la ciudad, fue el autor del proyecto y también del solar municipal.
El edificio aprovecha una gran parcela entre las calles de l'Església y del Campanar, lo que le permite tener un patio trasero. Presenta tres crujías idénticas y una fachada de simetría absoluta: planta baja, dos pisos y ático, todo ello coronado por un alero moldeado de piezas prefabricadas.
En la planta baja, tres portales de arco bajo con ramas de piedra y prominentes barandillas cónicas marcan el acceso. Las nobles puertas de madera aún delatan el rango social del propietario. En el primer piso, se destaca un balcón con lozana de piedra y una barandilla de hierro forjado extraordinariamente trabajada con motivos geométricos de cinta y flores centrales.
El acabado pictórico imita los mármoles de colores e incluye medallones y espadas que evocan la Orden de Isabel la Católica, una distinción que se otorgó a Madurell durante la construcción del ferrocarril. Por encima de las aberturas, unos pósteres clásicos sostienen una cornisa. En el segundo piso, los balcones son individuales y la decoración se vuelve más sutil, mientras que en el ático tres arcos ovalados airean el interior justo por debajo del alero.
En 1940 está documentada una reforma parcial, pero el aspecto general se ha conservado gracias a la categoría del BCIL 1686-I (hoja 5 del POUM) y al código IPAC 2852. Actualmente es una residencia privada, aunque los sadurnianos la consideran una parte inseparable de la calle de la Iglesia, que junto con el campanario forma una de las postales más famosas.
La casa nos habla de un momento de esplendor premodernista en el que el color, la forja y la iconografía honorífica se combinaron para expresar el poder económico y el prestigio. Cuando el sol del mediodía ilumina los falsos mármoles y herrajes, la fachada parece revivir los brindis de las grandes ocasiones que Josep Madurell organizaba para celebrar la llegada del tren y, quién sabe, quizás de los primeros cavas de la región.