Situada en el corazón de la calle del Raval, la Casa Lluís Mestres es, sin duda, una de las piezas más refinadas del modernismo sadurniniano. La casa fue concebida entre 1909 y 1912 aprovechando la estructura de una casa anterior, en un momento en que la ciudad estaba reviviendo económicamente tras el dramático episodio de la filoxera. El propietario, el comerciante de vinos y empresario Lluís Mestres i Domènech, encargó el proyecto al arquitecto penedésico Santiago Güell i Grau, entonces arquitecto municipal.
El resultado es un edificio de tres pisos con una planta baja, dos pisos y un techo, que juega con la simetría y con una gradación de los tamaños de las aberturas que acentúa la esbeltez. La fachada está completamente estucada con un esgrafiado que imita la baldosa acolchada: más tupida a nivel peatonal, más rugosa y decorativa en los pisos superiores. En la calle, tres portales dan vida a la planta baja: el central, con un arco rebajado y una rica carpintería floral, conduce a las casas; los laterales, con un borde plano, originalmente albergaban el local comercial vinculado a la familia. Sobre la puerta hay un soporte con las iniciales «L M», testimonio personal del promotor.
El lenguaje sinuoso y floral típico del modernismo emerge en cada detalle: un balcón corredizo y balcones con losas de piedra, barandillas de hierro forjado con motivos vegetales, molduras rebajadas sobre las aberturas y una corona ondulada que actúa como tapón festivo. Entre los pisos, destaca una tira de azulejos que actúa como una «segunda piel» y une visualmente todos los utensilios. La cubierta, protegida por una barandilla curva de hierro, oculta el jardín trasero, conectado por una galería sostenida por columnas de hierro que recuerdan a los invernaderos modernistas.
El contexto histórico de la construcción es significativo: una vez superada la crisis del vino, Sant Sadurní quería proyectar una imagen de progreso y buen gusto. Güell, formado en la ETSAB en 1892, supo interpretar el eclecticismo, el historicismo y el modernismo, y en la Casa Maestra mostró su faceta más orgánica, sin renunciar al orden simétrico heredado del clasicismo.
El tiempo ha sido bueno con él. Declarada Bien Cultural de Interés Local (BCIL 1683-I) y recogida en el IPAC con el número 2866, la casa se conserva en buen estado y mantiene un uso residencial-productivo, aún de propiedad privada. Las últimas ordenanzas municipales (POUM 2010, expediente 10) han garantizado su conservación arquitectónica.
Entre los elementos singulares se encuentran la carpintería original, la herrajes de barandillas y rejas, la galería del jardín y los delicados aleros superiores. La suave gradación cromática de los yesos, el juego de tonalidades de las molduras y la presencia constante de motivos florales convierten la fachada en un verdadero catálogo de artes aplicadas. Pasear por el Raval sin mirar las letras «L M» sería perder la oportunidad de saludar una de las postales más queridas por los sadurninos.