La Casa de la Vila es mucho más que la sede administrativa de Sant Sadurní: es la fachada pública de una comunidad que, en el último tercio del siglo XIX, decidió proyectar modernidad y confianza en el futuro. El edificio, iniciado en 1887 bajo la dirección del arquitecto barcelonés Ubald Iranzo i Eiras, sustituyó a la antigua Cámara de los Comunes (1673), entonces en ruinas. El proyecto, ejecutado entre 1887 y 1900 con varias ampliaciones, muestra un eclecticismo ordenado que ya se intuye hacia el modernismo.
Se asienta sobre una larga parcela rectangular que encierra todo un extremo de la isla urbana. Consta de planta baja, dos pisos, ático y techo, organizados en cinco cuerpos perfectamente simétricos, excepto la torre del reloj que, tras la demolición de dos casas vecinas en 1945, aparece descentrada con respecto a la plaza. Las aberturas, con un arco rebajado en la planta noble y rectangulares en las plantas superiores, crean franjas horizontales que recuerdan a la serenidad clásica.
La torre, el punto neurálgico de la composición, tiene un portal de arco de medio punto, un balcón balaustrado sostenido por cuatro letreros y dos faroles de hierro forjado con motivos geométricos. La segunda planta está coronada por la esfera del reloj y, sobre ella, una estructura de hierro que guarda las campanas, forjada en 1896 por el herrero sadurniniano Joan Forns. El campanario tuvo que elevarse 25 cm más con la indicación de Iranzo.
Un auténtico tapiz de esgrafiados florales y cortinas recorre la franja entre el primer y el segundo piso, y en la torre se lee «Ayuntamiento» y el escudo municipal. El interior, a pesar de haberse adaptado a las necesidades administrativas actuales, conserva la escala monumental (comenzada en 1891) y el Saló de Sessions, la primera intervención de Iranzo.
A lo largo del siglo XX, el edificio sufrió reformas ocasionales: la decoración de la fachada se añadió después de 1905; en 1945, para equilibrar la nueva perspectiva de la plaza, se construyó un balcón con balaustrada en el cuarto cuerpo. A pesar de los cambios, la Casa Villa conserva su dignidad original y hoy es el BCIL 1663-I (POUM 2010, hoja 12) y el IPAC 2847.
La plaza del Ayuntamiento, que preside el edificio, sigue siendo escenario de plenos, grandes fiestas y grandes brindis con cava. Entrar en ella es entrar en la memoria colectiva de un pueblo que late al ritmo de sus campanas.