En el tramo superior de la calle Sant Antoni, la Casa Bagués —también conocida como Casa Silvestre o Casa Pere Raventós— sorprende por la elegancia clásica con la que Josep Ros i Ros, arquitecto graduado en 1911, combinó el lenguaje modernista y el novecentista más severo. La obra, que data de 1925, está declarada sin complejos en la fachada: en la parte superior, una moldura proclama el año de finalización, mientras que un pequeño templo ovalado corona el edificio y sirve de mirador privilegiado sobre la villa.
El edificio, entre entrepisos, tiene un semisótano, un entrepiso, dos pisos y techo. El portal principal, con un arco más escaso y piedras simuladas, está flanqueado por dos falsos pilares que, junto con ménsulas decoradas, sostienen la tribuna del primer piso, un elemento casi exclusivo de Sant Sadurní. Esta tribuna, con cuatro columnas dóricas y balaustrada, recuerda a los templos renacentistas y da paso a dos balcones laterales.
En el segundo piso, los balcones adoptan una forma semicircular, con balaustrada y molduras florales bajo la lossana. Las aberturas presentan una decoración vegetal de inspiración clásica. La fachada culmina con un friso, una cornisa y un cabecero ondulado que da paso al exclusivo pabellón ovalado: ocho columnas de luz sostienen una cúpula de cerámica policromada que brilla bajo el sol de Penedésia. Como describe Joan Rosselló (1978), el interior reunía obras en yeso del escultor Casanovas, persianas de cerámica vidriada, piezas de ebanistería y mosaicos clásicos, un repertorio de artes aplicadas hoy en día parcialmente desaparecido pero aún presente en molduras y zócalos.
Ros i Ros, arquitecto municipal entre 1932 y 1944, diseñó un edificio que pasa del eclecticismo a la moderación novecentista sin renunciar al gesto teatral modernista de la tribuna y el templo superior. Protegida como Bien de Interés Urbano (POUM 2010, hoja 69) e inventariada con el código IPAC 2851, la propiedad sigue siendo una residencia privada y se mantiene en buenas condiciones gracias a la calidad de los materiales originales y al mantenimiento oportuno.
Casa Bagués es, pues, un magnífico espejo de los años 20 en la capital del cava: ostentación moderada, visitas guiadas clásicas y cierto aire festivo que recuerda a las salas de degustación que surgieron entonces en la ciudad. Cuando los vecinos pasan, aún sienten el eco de aquellos años de expansión y el dulce aroma de la cerámica vidriada del pequeño templo de la azotea, que ilumina las noches de verano como un farol antiguo.