Can Guineu es un auténtico palacio urbano que resume dos siglos de poder económico y social de la familia Mir en Sant Sadurní. La casa original, documentada desde 1703, fue remodelada por completo en 1851 por Pere Mir i Viladoms a la luz del eclecticismo, inspirándose -dicen- en los patios andaluces que habían visitado los Mir.
El edificio se articula en torno a un patio claustro con doble galería, mientras que una torre, un sótano y un jardín perfumado completan el conjunto. El portal principal, en la calle de l'Hospital, daba a una planta baja de servicio; pero la sorpresa llega accediendo por la calle Sant Antoni: una puerta de hierro forjado entre montículos de piedra conduce a una escalera imperial que conduce a la planta noble, al tiempo que deja al descubierto las antiguas barandillas cilíndricas y cónicas que protegían a los caballos.
La fachada del jardín combina un doble arco rebajado —uno de ellos amurallado— y un balcón con barandilla forjada, enmarcado por relieves que evocan columnas y muescas clásicas. El exterior dialoga con un pórtico de columnas de hierro fundido que recuerda a ciertas soluciones coloniales, en contraste con la austeridad casi monástica de la fachada de la calle. El interior conserva habitaciones decoradas con molduras de estuco policromado, papel pintado floral y pinturas murales de diferentes épocas.
Can Guineu fue escenario de numerosas reuniones políticas; aquí se reunieron «los siete sabios de Grecia», la oligarquía vinícola local. El Mir fue alcalde varias veces (1853, 1881) y la casa fue el epicentro. A principios del siglo XX, la finca pasó a manos de grandes empresas vinícolas (Codorníu, Freixenet y Juvé & Camps) hasta que, en 2018, el Ayuntamiento la adquirió por 1,7 millones de euros con el objetivo de destinarla a equipamientos culturales. En 2022, una consulta popular respaldó la idea de abrirla a usos artísticos y sociales, pero el estado de conservación —regular, con patologías estructurales— ha pospuesto el acceso público.
Can Guineu, que fue catalogada en la lista de la Unión Europea 1667-I, permanece cerrada, pero sigue siendo respetada con su mezcla de austeridad y opulencia. Los vecinos y las entidades esperan que la rehabilitación le devuelva la vida y convierta sus salas de estar en un escenario cultural abierto, tal como lo fue en los días de gloria de la Mir.