
Cuando llega el verano y el calor empuja a buscar el frescor de la piscina municipal, la Biblioteca Ramon Bosch de Noya y el Servicio de Deportes unen sus fuerzas para convertir el césped del jardín en una extensión relajada de la sala de lectura. El servicio de Bibliopiscina ofrece, del 29 de junio al 14 de agosto, la posibilidad de hojear periódicos, revistas de ocio y actualidad o pedir prestados libros y cómics mientras disfrutas de un baño o de un momento a la sombra.
Los usuarios encuentran, de lunes a viernes, un pequeño quiosco de madera atendido por personal de la biblioteca que ofrece prensa diaria, colecciones de revistas especializadas y una selección de narraciones ligeras diseñadas para todas las edades. El servicio se ofrece de 10.00 a 13.00 horas y de 16.00 a 19.00 horas hasta el 31 de julio, y de 16.00 a 19.00 horas durante la primera quincena de agosto, adaptándose a las horas de máxima afluencia de familias.
La iniciativa nació hace más de una década como una fórmula para fomentar la lectura entre los niños y jóvenes durante las vacaciones escolares. A lo largo de los años, se ha convertido en una pequeña tradición veraniega que muchos sadurnianos esperan con ansias: no solo se presta material, sino que también se organizan sesiones improvisadas de narración de cuentos, recomendaciones de lectura y espacios para una conversación relajada con el personal de la biblioteca.
Gracias a la colaboración con el Servicio de Deportes, la Bibliopiscina cuenta con mesas, tumbonas y sombrillas que facilitan una lectura cómoda junto al vaso de agua. El préstamo funciona con la misma tarjeta de la Red de Bibliotecas Municipales y te permite llevarte los documentos a casa o devolverlos en cualquier lugar de la región.
Esta fórmula fresca y cercana refuerza la imagen de una biblioteca abierta y adaptable, que va más allá de sus paredes para encontrar a los ciudadanos dondequiera que pasen su tiempo libre. Año tras año, la Bibliopiscina demuestra que la cultura también puede llevar trajes de baño y chanclas, y que un buen libro combina a la perfección con el murmullo del agua y el olor a cloro del verano sadurnino.